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Jueces, Policía y Guardia
Civil
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Marcello
Los jueces empiezan a estar cansados,
y con razón, de su penosa situación, por la que sufren la
permanente intromisión de dos poderes del Estado, el
Ejecutivo y el Legislativo, mangoneando la cúpula del Poder
Judicial, de los Altos Tribunales y de la Fiscalía. Si a eso
se le añade su escaso sueldo, y la alarmante falta de medios
-informáticos para empezar- y de personal, lo que les lleva
a soportar un importante retraso de la acción judicial, pues
se verá que tienen motivos sobrados para plantarse ante la
opinión pública y, en este caso, apoyar a los secretarios de
juzgados en sus protestas por el 'caso Mari Luz' y la
descarada intromisión de la vicepresidenta De la Vega, que
por enésima vez se ha metido, en público, donde no debía,
como en el día de la bronca a la presidenta del
Constitucional, María Emilia Casas, en pleno desfile
militar.
Y no estamos justificando, con ello,
los errores de los jueces o los fallos de entorno como en el
citado y tremendo caso del crimen de la niña Mari Luz. Como
no nos parece mal que los familiares de aquellos españoles
tildados de "desaparecidos", por no decir liquidados en el
tiempo del franquismo, quieran dar sepultura a los suyos, lo
que no justifica el pésimo espectáculo y sin base jurídica
del inefable juez Garzón.
Y lo mismo podemos decir de la Guardia
Civil y de la Policía en lo que a sus derechos y sus sueldos
se refiere, que, en ningún caso, pueden ni deben de ser
inferiores a los de cualquier otra fuerza de seguridad
autónoma, sea vasca o catalana. En todo caso debería ser al
revés, las fuerzas nacionales deben estar mejor pagadas
porque su dedicación y, sobre todo, el riesgo que asumen es
mayor.
Además, tanto los cuerpos judiciales
como los de las Fuerzas de Seguridad no son, precisamente,
los más afortunados de la sociedad española a pesar de que
sobre sus espaldas y funciones recaen muchas
responsabilidades. De ahí que el Gobierno se debería ocupar
de su situación profesional y también de su situación
económica y prestigio social. Y si hemos llegado a tan mala
y conflictiva situación algo habrá que hacer para solucionar
el problema, en vez de tirar por el camino de la autoridad a
secas, si es que este Gobierno no quiere llegar a un
conflicto mayor con ambos estamentos, que es lo que nos
faltaba en medio de la crisis económica y social que nos
invade.
Y que no puede convertirse en la gran
excusa de Zapatero para hacer oídos sordos a otros problemas
que no sean la salud de los bancos o su equilibrio y
estabilidad en el poder, o en su partido, haciendo
concesiones a vascos, gallegos y catalanes, como se ha visto
en los Presupuestos, o como se verá con el Estatuto catalán.
Además, para solucionar los problemas y no para evitarlos o
azuzarlos están los ministros Bermejo y Rubalcaba, que son
los que deberían prevenir y arreglar sus respectivos
conflictos con diligencia y eficacia en vez de exhibir sus
respectivos collares o varas de mando, que, por lo que se
ve, ni impresionan ni sirven para reconducir los conflictos
que están en marcha y que no se van a acabar.
Y que están completando, con sus
errores y presunta autoridad, la imagen de un Gobierno a la
deriva y desbordado en demasiados frentes. Sobre todo en
este momento de enorme incertidumbre económica y social. |